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60 Aniversario (Continuación)Hoy, nuestro silencio está sobremanera justificado en la misma esencia del Misterio que celebramos. Así lo harían los hombres y mujeres, que asistieron a la sepultura histórica de Jesús, el Nazareno. La palabra está de más: El Hijo de Hombre ha llevado hasta el límite máximo su compromiso de Amor con el hombre: amarlo hasta entregar su vida, llegando al extremo de inmolarse en oblación suprema en una cruz. Ante tan inaudito acontecimiento, la palabra se hace estéril, perdiendo todo sentido y se torna muda. Se produce el silencio; un silencio que nos sobrecoge y nos deja inmóviles. ¿Qué podemos decir? Nada. Simplemente meditaremos ante el Sepulcro dejándonos llevar por sentimientos salidos del corazón, sin duda escondidos en lo más recóndito de nosotros mismos y esperaremos con María, en la oscuridad de la noche, hasta que el gran misterio se aclare y se haga la luz. Esperaremos el amanecer de Pascua para comprobar, que aquello que no entendíamos, pero confiados hemos esperado hasta el final, es verdad. Dejaremos que hable el Señor, más que con palabras, con lo hechos. Esperaremos en silencio a que el amor de Dios se derrame en nuestros corazones, y nos haga sentir realmente que Jesús, el Cristo, ha resucitado. |
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Concatedral de San Julián Apdo. 267 Ferrol, A Coruña, España |
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